Tuesday, October 24, 2006

EL PROLOGO

La televisión crea un público voraz al que no le basta un edificio de cien pisos que se viene abajo ni un avión que se estrella cerca del sol. Insaciable, quiere más. Un amanecer contemplará trozos del espacio sideral y al día siguiente pondrá nombre a una estrella.
La letra impresa teje su magia de otra manera. Los reporteros-redactores investigan la razón de los acontecimientos y la sinrazón de los conflictos que hacen de la existencia un azar, maravilloso y terrible a la vez. Su trabajo está en el centro del mar, tendido hacia un horizonte que nadie alcanza y hacia la profundidad a la que nadie llega. Una tarea como ésta pone a prueba la inteligencia y la intuición que nacen de pensar a solas y en silenciosa compañía multitudinaria.
A golpes de esfuerzo, Álvaro Delgado se ha ido haciendo un gran reportero. Seguirá creciendo y pronto unirá la literatura a sus dotes de investigador, contrapunto que exige la imagen luminosa de la televisión. La belleza del lenguaje no será para la filigrana narcisista, sino para la precisión, don supremo del periodismo escrito.
Perturba el libro de Álvaro Delgado, vivo el desasosiego en cada una de sus páginas. De manera sencilla, como debe ser, da cuenta de su hallazgo, minuciosa, puntualmente. La elección del año 2000 no fue sólo una épica política, sino una historia que se fue ocultando a los mexicanos, inalienable su derecho a saber.
¿Quién derrotó al sistema el 2 de julio de ese año?
Vicente Fox, el pan y aun Amigos de Fox forman apenas una parte de la respuesta, nacida de un análisis superficial de aquel proceso electoral. La realidad rebasa con mucho el llamado fenómeno Fox.
El 2 de julio se materializó en una mayoría de votos un proyecto político surgido decenios atrás, con raíces ideológicas en la ultraderecha mexicana.
A partir de esta hipótesis, Álvaro Delgado dedicó un tiempo invaluable a la investigación de una vasta red ideológica y política conocida como El Yunque, cofradía secreta, juramentada, con territorio propio: el Bajío, y con una misión propia: implantar el reino de Dios en tierra mexicana.
La lectura del libro va desgranando una historia de violencia e intransigencia, con Cristo Rey en el pecho y el anticomunismo como bandera.
El 3 de julio del año 2000, los militantes de la ultraderecha, viejos y jóvenes, se habrán felicitado con el estilo de las familias del priismo: nos tardamos, pero por fin, hemos llegado al poder.
Con ellos legó hasta arriba la frase: Dios, Patria, Organización... y el juramento: "... reiteramos nuestra posición intransigente frente al error y al pecado…”
En El Yunque no hay juicios de valor. Hay reporterismo puro: personajes de carne y hueso, nombre y apellido; relatos documentados de escenas y circunstancias reales, y una trama bien hilada que abre en canal el proyecto político que hoy gobierna el país.
Delgado describe, sin disfraces, el trabajo pionero de organizaciones radicales como muro, enemigo a muerte, sin eufemismos, de los "rojos" de la UNAM; aun parece resonar la consigna: "cristianismo sí, comunismo no". Y las pintas y las golpizas amedrentadoras.
Y los pasos consecuentes: la creación de una verdadera militancia divina y la penetración de estructuras clave. Primero, organizaciones cristianas de base, agrupaciones de padres de familia y la más importante, el Partido Acción Nacional. Todo esto contribuye a mirar con ojos claros el "fenómeno Fox".
El libro de Álvaro Delgado está destinado a convertirse en obra de consulta cuando se pretenda desentrañar lo que ocurrió el 2 de julio del año 2000.
A propósito de los medios: La televisión nos muestra la belleza del arcoiris. La palabra nos dice que no hay manera de tocarlo.

Julio Scherer García

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